Los brazos de mar gallegos
Brazos de Mar GallegosQué duda cabe que el rasgo más característico de la costa de Galicia es la presencia de las tan conocidas rías gallegas. Se trata de brazos de mar que se introducen en las tierras gallegas creando un litoral recortado. La creación de dichos fenómenos naturales se vio favorecida por la existencia de una intensa red de fracturas de desgarre, en el caso de las Rías Baixas, que facilitaron la penetración del mar y marcaron su peculiar diseño; otras rías se corresponden con la parte inferior de antiguos valles fluviales anegados, como es el caso de las de Ortigueira, Ribadeo, Foz o Ferrol y, unas terceras, como la Ría de Arousa, son antiguas fosas tectónicas. Pero lo que es común en todas ellas es su belleza, las rías gallegas ofrecen una gran gama de paisajes que son fruto tanto de los factores del medio natural como de la labor de los hombres y las mujeres a lo largo de la historia.

Las rocas introducen numerosos matices en los paisajes gallegos, en el caso de las rías adquiere, además, unos rasgos peculiares. Tanto el granito como las rocas pizarrosas o esquistosas ofrecen una tonalidad distinta en la orilla del mar, especialmente al atardecer, cuando el sol se oculta en el horizonte creando un auténtico abanico de colores, de tonalidades, de ambientes…

Sin embargo los paisajes de las rías no se deben únicamente a uno de los miles de regalos que la naturaleza ha dejado en estas tierras. Es necesario mencionar la implicación humana analizando la labor modificadora de siglos de historia; de labrar la tierra; de aprovechar los recursos del mar; de construir aldeas, villas y ciudades en la franja marítima; de trazar caminos y puertos; sendas y campos de cultivo. Una labor de siglos de lucha, y dependencia de los recursos y, al mismo tiempo, de domesticación de lo natural que ha producido los paisajes de los que hoy todos podemos disfrutar.

Esta simbiosis entre el hombre y su medio ha creado, sin duda, algo irrepetible: una sociedad que ha construido durante miles de años para sí un mundo distinto, un mundo mítico-mágico presente en leyendas y tradiciones, en fiestas religiosas o paganas; un mundo vertebrado por un discurso y un idioma propio que, indisolublemente unido a una naturaleza privilegiada, ha sobrevivido hasta hoy.

Dentro de esta Galicia única, pero plural en sus hábitos, espacios y costumbres, las rías ofrecen posiblemente la aventura más gozosa para el viajero. A lo largo de los 1.400 Km. de costa existen kilómetros de arenales (772 playas) o de espectaculares tramos acantilados.

No se puede olvidar, por otra parte, que en Galicia ni la tierra ni el mar han sido nunca fronteras. Desde el siglo IX, el Camino de Santiago, el Camino Francígeno de las Crónicas, ha enseñado al pueblo lo que es la Hospitalidad. Los gallegos, institucionalmente o en forma privada, han realizado un gran esfuerzo pensando en el visitante para poder ofrecerle una amplia gama de hoteles, balnearios o casas de turismo rural; de puestos deportivos, de campos de golf o de espacios para congresos.

 
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